
Todos sabemos que los niños no toman las mejores decisiones. ¿Correr por la casa con un objeto afilado? Seguro. ¿Comerse una bolsa entera de ositos de goma? ¿Por qué no? ¿Lanzarse en patineta por una bajada empinada sin casco? Claro que sí.
El cerebro humano está casi completamente desarrollado a los seis años. Sin embargo, pasa por una remodelación intensa durante la adolescencia, un proceso que puede continuar hasta pasados los veinticinco. La corteza prefrontal (el frente del cerebro) es la parte que controla la toma de decisiones, la resolución de problemas y el control de los impulsos. También es la última en terminar esa remodelación, lo que explica por qué hasta los adultos jóvenes pueden tomar malas decisiones. Con todo, la neurociencia muestra que si bien esa inmadurez cerebral los hace susceptibles a influencias negativas, también les da una capacidad de cambio y de rehabilitación mayor que la de un cerebro adulto.
Por eso es tan importante que exista un sistema aparte para los menores cuando un niño toma una decisión terrible y la policía tiene que intervenir. Según la gravedad de los cargos, la mayoría de las veces el menor termina en el sistema de justicia juvenil. Este sistema está pensado para los infractores más jóvenes y toma en cuenta su edad y su desarrollo cerebral (o la falta de este).
Los estudios han demostrado que quienes estuvieron encarcelados durante la adolescencia tienen más probabilidades de volver a la cárcel entre los 20 y los 30 años, de desarrollar dependencia del alcohol y de necesitar ayuda con sus necesidades diarias, en comparación con quienes nunca estuvieron encarcelados. También se ha demostrado que el encarcelamiento en la adolescencia y la adultez temprana tiene efectos adversos duraderos en la salud. Los jóvenes que entran a un centro de justicia juvenil muchas veces salen peor, física y mentalmente, y ese daño los acompaña por años. Lo ideal sería ofrecerles otras opciones de rehabilitación en lugar del encarcelamiento.
¿Qué se está haciendo?
El sistema de justicia juvenil lleva varios años implementando cambios positivos y ha comenzado a reconocer los problemas y factores de estrés que pueden llevar a un niño a portarse mal. La Ley de Reforma de la Justicia Juvenil incluye recomendaciones de política que buscan reducir la cantidad de jóvenes encarcelados y reinvertir ese dinero en servicios comunitarios como alternativa principal para las ofensas menores y no violentas.
El objetivo declarado del sistema de justicia juvenil es ayudar a los jóvenes a alejarse de la delincuencia y convertirse en adultos que respetan la ley.
Metas declaradas de la justicia juvenil:
- Mantener la seguridad pública
- Desarrollo de habilidades
- Vivienda
- Rehabilitación y atención de las necesidades de tratamiento
- Reintegración exitosa a la comunidad
De esta manera, el joven infractor tiene la oportunidad de aprender de sus errores y de mejorar su vida con un sistema de apoyo que incluye a las agencias, a la familia y a la comunidad.
Obviamente, este es un tema increíblemente complejo, y un blog apenas alcanza a resumirlo. Si usted o alguien que conoce necesita ayuda, comuníquese con Cafferty, Scheidegger y Johnson. Tenemos experiencia defendiendo y apoyando a menores infractores con integridad y compasión.